Las geociencias (o ciencias de la Tierra) son un amplio conjunto de disciplinas científicas, básicas y aplicadas cuyos objetivos, métodos e instrumentos son utilizados por los geocientíficos para investigar el sistema de la Tierra para entender su composición, estructura, fuerzas, procesos, dinámica, ciclos, recursos, evolución, en diferentes escalas e intervalos espaciales y temporales.

Geo no es simplemente la Tierra, sino más bien específicamente el lugar donde viven los humanos y donde vivirán las generaciones futuras. Así que, la geoética significa responsabilidad hacia la Tierra y las generaciones futuras. En particular, se propone un enfoque analítico de la realidad, centrándose en la necesidad de identificar valores en los que basar la creciente interacción entre los humanos y el sistema de la Tierra, se pide a los geocientíficos que asumen la responsabilidad ética de utilizar sus conocimientos en beneficio de la sociedad.

Los humanos son capaces de modificar los entornos naturales, y en virtud de esta prerrogativa ellos tienen una responsabilidad ética hacia el planeta. De hecho, el estudio y el uso de los recursos de la Tierra, explotando sus recursos, interviniendo en los procesos naturales son acciones que implican grandes responsabilidades hacia la sociedad y el medio ambiente, de las cuales los geocientíficos deben ser suficientemente conscientes.

La práctica de las geociencias tiene importantes implicaciones en términos éticos y sociales, y la geoética puede ser una forma de abordar los problemas globales que afectan a la interacción humana con la Tierra de una manera más responsable, sin prejuicios ni limitaciones ideológicas. Esto implica los geocientíficos siendo conscientes de su responsabilidad y papel ético y social.

A lo largo de los siglos, los desastres siempre han asustado a las poblaciones, pero la adecuada difusión de conocimientos científicos y una preparación adecuada pueden ayudar a encontrar estrategias para mitigar sus efectos. Hoy en día el progreso científico y tecnológico puede asegurarnos un buen nivel de seguridad.

Obviamente, los daños debidos a las geoamenazas no son del todo evitables, pero pueden reducirse en gran medida mediante esfuerzos de prevención y mitigación, a través de una efectiva información y educación de sociedad.

Los geocientíficos deben ser más conscientes de no ser sólo científicos o profesionales que actúan en sus campos de interés, sino también los actores sociales que trabajan por el bien común. Geólogos, ingenieros, y en general expertos del sistema de la Tierra, poseen el conocimiento científico y preparación para acercar la ciencia a la sociedad.

En el ámbito de la reducción de los riesgos de desastre, la geoética fomenta la difusión adecuada y correcta de los resultados de los estudios científicos; desarrolla y promueve herramientas geoeducativas para la población; tiene por objeto mejorar las relaciones entre la comunidad científica y los demás interesados de la sociedad durante todas las diferentes fases que caracterizan el ciclo del desastre (fases de prevención, emergencia y recuperación).

La prevención es la mejor manera de proteger a la población de los riesgos geológicos, pero desafortunadamente, con pocas excepciones, las sociedades modernas no lo perciben como un valor, y lo que es peor, los políticos apoyan ni promueven actividades de prevención que den frutos a largo plazo, y aquí se percibe que abordar la geoética es cuestión de todos, porque salva vidas.

El deber de los geocientíficos, como expertos de las geoamenazas, es transferir el valor de la prevención a la sociedad, haciendo hincapié la buena gestión del territorio y la consiguiente reducción de los desastres. La prevención tiene que convertirse en la respuesta racional y responsable al derecho a la seguridad de cada ciudadano, asumiendo con conocimiento su responsabilidad.

Por otro lado en el planeta somos, 8 billones de personas utilizando los recursos suministrados por el suelo y el subsuelo. Los geólogos y profesionales en Ciencias de la Tierra comprendemos más o menos bien, que todo lo que tenemos alrededor, proviene de los recursos que en un arduo proceso exploratorio, conlleva a encontrar un mineral que posteriormente es beneficiado y transformado para el uso de todos, en los productos que empleamos en el día a día. No hay producto alguno que usted o yo usemos sin que haya minerales detrás de él, ni uno solo.

Las planchas, lavadoras, neveras, televisores, por mencionar algunos productos, duraban 10, 20 y hasta 30 años. Visite la casa de sus abuelos o bisabuelos y verá electrodomésticos y artículos funcionando de más de 20 años. Entonces la responsabilidad de presión sobre los recursos del suelo y subsuelo es de las empresas que irresponsablemente y con fines económicos, han emprendido el camino de la obsolescencia programada. La demanda es la responsable de requerir más recursos.

Cada vez que usted hace o comercializa una plancha, un celular, un computador, un televisor, entre otros, para que dure un año o menos, está utilizando recursos extraídos del suelo y subsuelo que tienen detrás la industria minero-energética.

¿Compra nuevo a cambio de reparar? Pues está usted ejerciendo una presión superior sobre un planeta con 8 billones de personas, que en su gran mayoría hacen lo mismo.

Contribuya: recicle, arregle, reutilice, de buen uso a las cosas, exija la investigación de las políticas de obsolescencia programada.

Lo invito a ver ambas caras de la moneda; a comprender que la GEO-ÉTICA es una cuestión mía y suya; que el cambio hacia la sostenibilidad ambiental y social demanda que Usted y yo seamos consumidores responsables; que el problema ambiental global no son los hidrocarburos y la minería.  Lo invito a que evalúe como nuestros hábitos de consumo, hacen que cada día se disminuyan los activos ambientales del planeta.  Lo invito para que hagamos posible una ganancia neta en la relación entre hombre y naturaleza.

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  • Clemencia Gómez González1, Leonardo Amaya2
  • clgomezgo@unal.edu.co
  • Charla