La historia ambiental y la Ecología Política son metadisciplinas de la geografía, la antropología y la historia, cada vez más populares en el análisis de discurso acerca de naturaleza, paisaje, recursos naturales y comunidades. La relevancia de ejercer este tipo de ejercicios radica en que las posturas sobre medio ambiente y sociedad están ligados a mecanismos de verdades, que más que ser ciertos o falsos, se caracterizan por sancionar y promulgar sistemas de conocimientos que terminan repercutiendo de manera material en el mundo y la sociedad. Es así que las verdades defendidas por algunos de los llamados discursos verdes legitiman casi todo lo que se quiera incluir dentro de la conservación ambiental, aunque muchas veces no termine ocurriendo cosa tal, y sancionan, generalmente a priori, todo lo que se considere, va en contra de ella.

La crítica a los proyectos mineros, energéticos y de infraestructura en Latinoamérica suele omitir, en primera instancia, la historia de profundas transformaciones ambientales ejercidas desde tiempos precolombinos en el territorio de estos países. Por otro lado, buena parte de las narrativas que se oponen a estos proyectos niega abiertamente el cambio cultural al considerar que las comunidades étnicas deben permanecer estáticas y puras, oponiéndose al derecho que tienen las personas a sopesar otras posibilidades y formas de verse e interactuar en el mundo, con otros actores y dentro de otros modos de producción, señalándolas como incapaces a la hora de tomar decisiones responsables sobre su futuro, su comunidad y su territorio. Finalmente, estas críticas suelen pasar por alto los cada vez más conocidos y numerosos casos de concertación entre comunidades y empresas que ilustran la manera cómo han venido evolucionando estas negociaciones, las formas en las que se han logrado refinar los marcos jurídicos de protección para los actores locales, y las maneras en las que academia y comunidades han venido considerando que han resultado provechosas. En la medida en que la autonomía dada a las comunidades en los procesos de concertación viene significando la consecución de beneficios para las mismas, ya entrados en el siglo XXI, estos proyectos empiezan a vislumbrarse como oportunidades únicas de empoderamiento para las comunidades locales y étnicas en Colombia.

0

  • María José Nieto
  • nieto.mariajose@gmail.com
  • Charla